Cuando busqué en mi cajón
algo para darte comprobé que solo me quedaban viejos recibos, algunos impuestos
vencidos y muchas tarjetas personales sin nombre. En mi placard, solo pulóveres
y gorros de lana esperando al invierno. En mis bolsillos, hilos deshilachados.
En la alacena, dos saquitos de té irlandés. En la ventana, un cielo nublado.
En mi cama, un pequeño espacio para que entres en silencio. Nada. No tengo más nada. Si ni el espejo es generoso conmigo. Si ni los perros me ladran cuando camino. Solo
esto que ves, si es que podes apreciarlo. Una espalda que apenas sostiene una
remera, dos piernas que te buscan y estos pies cansados con zapatillas de
suelas gastadas. Nada. No tengo más nada. Apenas mi alma que se expresa
en palabras, estas manos y esta voz, para aunque sea poder darte una canción de
amor.
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