domingo, 29 de junio de 2008

Intentos con aire

No era mayor, pero tenía un aspecto deteriorado. Su cuerpo estaba severamente castigado por el inevitable trajín de la vida, que pasaba por encima suyo velozmente, erosionando su figura como el mar y el viento lo hacen con las rocas de la costa. Necesitaba aire puro que entrara por sus pulmones y lo haga renacer, pero le costaba encontrar el instante de relajación perfecta. Probó muchas posiciones, alguna le permitiría despojarse de su cuerpo y ser viento o, aunque más no sea, un pequeño soplo.
Hizo la vertical con los ojos abiertos y cerrados, se sentó de cuclillas mirando el cielo, probó colocarse como lo hacía buda, intentó acostarse boca arriba y boca abajo, pero nada lo elevaba.
Una tarde, como todas las anteriores, probó poner la mente en blanco, sin rezos, sin plegarias. Se agachó, inclinó su torso hacia delante, se hizo bola, respiró profundo (tan profundo que sintió cosquillas en su estomago). Se quedó en esa posición unos segundos sin respirar, sus parpados resguardaban sus ojos. De repente, se paró nuevamente, sin perder la concentración se estiró y comenzó a exhalar el aire contenido. Su cuerpo ya no tenía dolor. Al mirar para abajo notó que estaba distante del suelo, esa tarde por fin flotó.

viernes, 9 de mayo de 2008

Microrelatos Hiperbreves

EL ENCIERRO
Con veintisiete años, la vida sentimental de María todavía giraba alrededor de un rumbo incierto. Inseguridades, temores y sobre todo decepciones eran algunas de las cosas que abundaban en el interior de su alma desgastada. Cada desencuentro romántico, cada duelo amoroso, la conducía a una rutina eterna de martirio y culpa que la encerraba en sí misma. Todo le molestaba cuando volvía de una discusión con algún hombre, hasta aquellos reflejos del sol que se asomaban por las ventanas de su casa. Tal es el caso que María tomó una estricta determinación. Comenzó paulatinamente a tapiar aquellos lugares de su vivienda por donde podría llegar a penetrar la luz intensa del día. Un disgusto, una ventana amurada; una desilusión, una puerta obstruida. La voluntad por ocultar todo aquello tristemente feliz de su vida fue enterrandola cada vez más en una habitación oscura, y sin lugar para escapar en busca de algún riesgo que la ilumine.



EL SABELOTODO

Germán Bustamante era un hombre común, como cualquier otro. Tranquilo, inteligente, bueno. Su vida no era distinta a la de una persona que se levanta temprano para ir a trabajar, tenía un grupo de amigos, una amante y algun que otro vicio; pero poseía un rasgo distintivo que lo hacía especial y lo diferenciaba del resto. Todo lo que sucedía, él ya lo sabía. La vida misma le transcurría en tiempo pasado. Nada podía sorprenderlo, porque de antemano sabía todo. Supo que su novia lo iba a dejar cuando le abrió la puerta de su casa aquella tarde gris, supo que Banfield se iba a ir a la B antes de que se juegue el partido, y asistió al casamiento de su amigo el Dr. Martín Valdéz sabiendo que años después se iba a divorciar. El mismo Dr. Valdéz, una mañana recibió en su consultorio los resultados de aquel chequeo médico que le había realizado la semana pasada. A su compañero de toda la vida le quedaban pocos días de vida. El médico fue a buscarlo desesperado, pero llegó tarde. Lo encontró tendido en el suelo, muerto, junto a una escopeta, y en su mano había una nota que decía: “saber algo de antemano, no siempre garantiza un final distinto”.

viernes, 7 de marzo de 2008

Tan lejos, tan cerca

Quieta en un rincón, como descansando, omnipresente, apoyada en aquella pared blanca o tirada en la cama. Pronunciando palabras agradables, detestables. Siempre cerca mio, atenta a cada minuto de mi vida. Obsesionada con querer ser constantemente centro de mi atención, era asombroso ver como lo lograbas.
Tan superficial fue nuestra historia durante años, que jamás pensé que iba a tenerte tan cerca. Agradezco que me hayas dejado hablar por vos, ya me habia cansado de solamente escucharte, pero nunca me voy a cansar de tu coompañía.



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Este blog recibe el nombre de El Spiker, en homenaje a aquellos primeros hombres que prestaron sus voces a la radio, en la época donde las transmiciones comerciales comenzaban a surgir en las emisoras y el medio de comunicación iniciaba su camino interminable hacia un mundo nuevo, basado en la imaginación.