domingo, 29 de junio de 2008

Intentos con aire

No era mayor, pero tenía un aspecto deteriorado. Su cuerpo estaba severamente castigado por el inevitable trajín de la vida, que pasaba por encima suyo velozmente, erosionando su figura como el mar y el viento lo hacen con las rocas de la costa. Necesitaba aire puro que entrara por sus pulmones y lo haga renacer, pero le costaba encontrar el instante de relajación perfecta. Probó muchas posiciones, alguna le permitiría despojarse de su cuerpo y ser viento o, aunque más no sea, un pequeño soplo.
Hizo la vertical con los ojos abiertos y cerrados, se sentó de cuclillas mirando el cielo, probó colocarse como lo hacía buda, intentó acostarse boca arriba y boca abajo, pero nada lo elevaba.
Una tarde, como todas las anteriores, probó poner la mente en blanco, sin rezos, sin plegarias. Se agachó, inclinó su torso hacia delante, se hizo bola, respiró profundo (tan profundo que sintió cosquillas en su estomago). Se quedó en esa posición unos segundos sin respirar, sus parpados resguardaban sus ojos. De repente, se paró nuevamente, sin perder la concentración se estiró y comenzó a exhalar el aire contenido. Su cuerpo ya no tenía dolor. Al mirar para abajo notó que estaba distante del suelo, esa tarde por fin flotó.