Ser libres es determinar sobre nuestra propia
intención y no bajo la exigencia de condiciones impuestas por alguien o
algunos. Sin embargo, quién puede afirmar que experimenta la posibilidad de no
dejarse persuadir. Nadie puede avanzar si primero, medianamente, no sienta las
bases para la continuidad. Aceptar condiciones no resulta del todo un acto
libre, pero ciertamente es necesario en algunos casos. El sentido es darse
cuenta que uno actúa en base a lo encomendado, por más chiquito que sea. La
fatalidad es creer que nos movemos de acuerdo a nuestra propia voluntad, cuando
en realidad no somos más que el reflejo de la puesta en marcha de un plan
diseñado por otros. Por más intencionado o inconsciente que sea el dominio de
quién nos ordena, no darse cuenta que nos comportamos de acuerdo a sus
estándares, y no a los nuestros, es coartar de manera insoslayable nuestra
preciada libertad intelectual.
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