viernes, 9 de mayo de 2008

Microrelatos Hiperbreves

EL ENCIERRO
Con veintisiete años, la vida sentimental de María todavía giraba alrededor de un rumbo incierto. Inseguridades, temores y sobre todo decepciones eran algunas de las cosas que abundaban en el interior de su alma desgastada. Cada desencuentro romántico, cada duelo amoroso, la conducía a una rutina eterna de martirio y culpa que la encerraba en sí misma. Todo le molestaba cuando volvía de una discusión con algún hombre, hasta aquellos reflejos del sol que se asomaban por las ventanas de su casa. Tal es el caso que María tomó una estricta determinación. Comenzó paulatinamente a tapiar aquellos lugares de su vivienda por donde podría llegar a penetrar la luz intensa del día. Un disgusto, una ventana amurada; una desilusión, una puerta obstruida. La voluntad por ocultar todo aquello tristemente feliz de su vida fue enterrandola cada vez más en una habitación oscura, y sin lugar para escapar en busca de algún riesgo que la ilumine.



EL SABELOTODO

Germán Bustamante era un hombre común, como cualquier otro. Tranquilo, inteligente, bueno. Su vida no era distinta a la de una persona que se levanta temprano para ir a trabajar, tenía un grupo de amigos, una amante y algun que otro vicio; pero poseía un rasgo distintivo que lo hacía especial y lo diferenciaba del resto. Todo lo que sucedía, él ya lo sabía. La vida misma le transcurría en tiempo pasado. Nada podía sorprenderlo, porque de antemano sabía todo. Supo que su novia lo iba a dejar cuando le abrió la puerta de su casa aquella tarde gris, supo que Banfield se iba a ir a la B antes de que se juegue el partido, y asistió al casamiento de su amigo el Dr. Martín Valdéz sabiendo que años después se iba a divorciar. El mismo Dr. Valdéz, una mañana recibió en su consultorio los resultados de aquel chequeo médico que le había realizado la semana pasada. A su compañero de toda la vida le quedaban pocos días de vida. El médico fue a buscarlo desesperado, pero llegó tarde. Lo encontró tendido en el suelo, muerto, junto a una escopeta, y en su mano había una nota que decía: “saber algo de antemano, no siempre garantiza un final distinto”.

1 comentario:

  1. q lindas cosas que escribis.
    siempre te lo digo-
    encontre tu blog en el facebook, y me puse a chusmear un poco
    un beso. aldy!

    ResponderEliminar